viernes, 13 de junio de 2014

MICRO-CUENTO

Estaba con Ana en un bar cuando de repente se acercó un señor d unos 50 años. me sonrió y le pregunté educadamente si necesitaba algo en lo que yo pudiera ayudarle. el señor no me dijo nada, sin embargo, siguió mirándome. la situación era bastante incómoda, por lo que Ana y yo nos fuimos de aquel bar y nos dirigimos al parque.
mientras caminábamos, nos dimos cuenta de que aquel señor del bar nos estaba siguiendo. El miedo por pensar que nos quería hacer daño nos impulsó a caminar aún más rápido. Después de un buen rato caminando, echamos la vista atrás y no volvimos a ver a aquel hombre. suspiramos aliviadas, nos relajamos y con tranquilidad,  llegamos a casa.Una vez llegar fuimos directas a la habitación de mi madre a contarle lo que nos había pasado. para mi sorpresa, a mi madre no le resultó extraño porque era consciente de la existencia de muchos acosadores, de allí su insistencia en que permanezcamos más tiempo en casa. 
Mi madre me dijo que le esperara en casa en lo que dejaba a Ana en la suya. Me quedé tumbada sobre la cama de mi madre y eché un ojillo a las fotos que tiene guardadas en el segundo cajón de su mesilla de noche. Entre las fotos encontré una de un muchacho idéntico al señor del bar pero 20 años más joven. me quedé sin palabras e incluso llegué a pensar que podría ser mi padre. qué tontería!!, pensé.

Mi madre nunca me habló de mi padre y cada vez que surgía el tema, ella buscaba cualquier excusa para no hacerlo, hasta la tarde de ese día, cuando volvió a aparecer aquel señor frente a  mi puerta con una nota en la mano que ponía: ERES HIJA MÍA.

resulta que mi madre, en una des sus juergas de la adolescencia se acostó con mi padre y en esa misma noche me concibieron. Al día siguiente ella no se acordaba de la noche anterior, pero él sí. Ella, al notar que él no podía hablar decidió no volver a verle aun cuando se dio cuenta de que estaba embarazada. tomó la decisión de criarme sola y mi padre, abandonado por razón de su mudez, decidió seguirme noche y día hasta el día que tuvo la valentía de acercarse a mí y mirarme con esos ojos de soledad y cargados de amor.