sábado, 13 de junio de 2015

MICROCUENTO (CAMBIANDO...)

Después de cuatro largos años volví a casa. Todo parecía haber cambiado.
Los controladores me dieron la bienvenida con una sonrisa y mi maleta permaneció cerrada hasta que llegué a casa. Durante el trayecto el taxista se mostró amable, me ayudó a colocar la maleta en el maletero y se encargó de sacarla después; me hizo un resumen sobre la actualidad de la ciudad y no intentó cobrarme de más.
Al llegar a casa me encontré con un banquete que había preparado mi familia por mi llegada. La fiesta duró hasta las dos de la madrugada.

Al mes de mi llegada, me llamaron para una entrevista de trabajo. Después de la misma me dijeron que me llamarían, pero no lo hicieron. Desesperada, acudí a un tío mío que en este momento era ministro de uno de los veintiocho ministerios que había entonces. Le pedí que me encontrara trabajo en su misterio y me dijo que no podía hacerlo porque mi formación no tenía nada que ver con la actividad que se desarrolla en aquel misnisterio, que siguiera intentándolo. Tras la negativa de mi tío, acudí a mi hermana, que entonces era directora de una empresa privada, pero tampoco pudo darme trabajo porque para ello tenía que saber idiomas. 

Las limitaciones por los idiomas me llevó a apuntarme a una academia. Me saqué los títulos y volví a enviar mis datos a la misma empresa que meses atrás no me había llamado después de la entrevista. Esta vez me volvieron a llamar para una entrevista y tras la misma me ofrecieron un contrato de trabajo.

Pero estaba firmando el contrato cuando de repente sonó el teléfono. Era el despertdador, todo era un sueño, un agradable sueño.